EVANGELIO

04 de julio, 2015 - Historias - Comentar -

Evangelio

 



En aquel tiempo... bendito
era el quehacer primordial
con sigilo, y sin coartada
en la semioscuridad,
ir al final del pasillo
y escondidos susurrar.
O penetrar en tu alcoba
y en tu cama de caoba
tu desnudez contemplar.

En aquel tiempo... bendito
en tu cuerpo de señora
había un sexo adolescente,
por una fuente bañado ,
que consumaba placeres
y otros cuarenta pecados
que el buen pater bendecía
desde su fotografía
entre ausente y resignado.

En aquel tiempo... bendito
loco juego y seducción,
engaño torpe, indiscreto
yo como ingenuo infeliz
devoto de tus caderas,
en tu cuerpo era aprendiz
de aquel tu misterio innato,
de Mesalina un retrato.
para hacerme revivir.

En aquel tiempo... bendito
aprobamos el examen
de traición y de mentiras,
sin ánimo de dañar,
nuestra affaire era un secreto,
entre mi obsesión de amar
tu loco afán por querer,
no había nadie en quien creer
ni había nadie a quien rezar.

En aquel tiempo... bendito
repetimos la liturgia ,
y más allá de un nosotros
de un ti o un mi, no había nada,
unos padres engañados,
un hijo que molestaba
tras tu murmullo excitante,
la bendición de un instante
que la prisa devoraba.

En aquel tiempo... bendito
el chasquido de una puerta
o el sonido de una llave
eran el clarín certero
que precediendo a la sombra
del insólito agorero
un adiós precipitaba,
mientras en tu faz buscaba
la señal de algún te quiero.

En aquel tiempo... bendito
como amaba cada estría ,
ancha que sobre tu vientre,
que eras madre acreditaba.
Que yo era tal que otro hijo
decías mientras las besaba.
Promesas que se perdieron
y que al tiempo sucumbieron
cuando más te deseaba.

En aquel tiempo... maldito,
de sirena duplicada ,
yo no aprendí a disparar
ni tu encontraste razón
para guardar tus pistolas,
disparabas sin perdón
al cordón deshilachado
que mantenía amarrado
mi sexo a tu corazón.

En aquel tiempo... maldito
fuimos crimen y castigo
y en la guerra parricida ,
al más mínimo descuido
nuestras balas se abrazaron,
¿quien resulto más herido?
¿quien hizo más por matarnos?
supongo que al ignorarnos
dimos todo por perdido.


Juan E Uceda

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