Pura Banalidad

Publicada el 25/10/2019

 

YA EN LA SALA BLANCA...Pura Banalidad

 

De  improviso nació pura

en limítrofe barrial

en esa extinta espesura

aneja a la capital.

 

Purita nació en su cama

su lecho fue su hospital,

sin el apoyo de un ama,

ni asistencia maternal,

 

tan grande era su belleza

digna de diosa o vestal

que haría perder la cabeza

al más inerte chaval.

 

Hizo un guiño la campana

de la iglesia parroquial

de estructura provinciana

sin visos de catedral,

 

a San Judas consagrada

en reunión patriarcal,

la dieron por bautizada

de forma tradicional,

 

con agua sobre su pelo

en la pila bautismal

enredada con el velo

de su mamá natural.

 

Así hilvanó su vida

en el orbe vecinal

antes de su despedida

a lugar más especial,

 

tras algunos escarceos,

y en índole sexual

recompuso sus deseos

su entrepierna de cristal.

 

Sumida en banalidad

maquinó bien la partida

a la aledaña ciudad

a la que entró en estampida.

 

Justo ahí la conocí

finiquitada su huida,

ociosa hasta el frenesí,

atrevida y divertida.

 

Sin dejar de ser banal

se me entregó sin medida

en un invierno brutal

excitante y homicida.

 

Detrás de sus dos ojazos

temple mi alma aterida

mientras besaba sus pasos

en justa contrapartida.

 

Más de tanto ir tras de ella,

de su piel de poliamida,

se perdió mi buena estrella

hasta darse por vencida.

 

Como nada hay que es eterno

lo nuestro se terminó,

“andé” desasosegado

pero anduve y se acabó,

 

y aunque vivo consolado

por dama joven de edad

no puedo olvidar los besos

de Pura Banalidad. 

 

Juan E. Uceda